¡Hola!
Es probable que no te acuerdes de mi, llevo bastante tiempo sin enviar ningún mensaje a esta newsletter. O quizá sí, y te alegre volver a leerme, who knows.
En cualquier caso, quick catch up: mi nombre es Pedro Pardal, soy software engineer y emprendedor, y creé esta lista de correo con ánimo de divulgar consejos sobre desarrollo de software y producto, con buenas prácticas de ingeniería, etc. Puede que llegaras aquí suscribiendote directamente, o puede que estés porque hiciste algún curso conmigo en Exeal, mi marca de formaciones.
Sea como sea, gracias por estar aquí.
Y disculpas por este silencio de casi un año. Mi intención es retomar esta lista y volver a compartir pero, antes de hacerlo, creo que debo una explicación acerca de los motivos de este parón. Este correo pretende eso, y sentar unas bases para lo que viene, pero sobre todo volver a conectar con vosotros.
Pero empecemos por el principio, cómo estaba la cosa hace un año.
Quemado
Yo creo que esa es la palabra que mejor describe cómo estaba hace un año.
Llevaba ya varios meses intentando lanzar formaciones de desarrollo de software para particulares, como Pilares del Software. El concepto era un intensivo de 2 días, cuya primera edición recibió unas 70 personas, con una misión muy chula y necesaria en ese momento (y siento que ahora más aún): dar una visión holística de la profesión del desarrollo de software, combinando el día a día del trabajo en programación, con las dimensiones del diseño de producto y el impacto en negocio, el equipo y las relaciones humanas, y una invitación a mirar hacia uno mismo y hacernos responsables de nuestro desarrollo personal y profesional. Un concepto creo que muy chulo, a la par que necesario.
A día de hoy es, probablemente, el proyecto que más me ha realizado personalmente hasta la fecha. Poder sintetizar mi visión del desarrollo, mis valores, y compartirlos y transmitirlos a otros compis de profesión para mejorar sus carreras y sus vidas, y con el formato que lo hicimos, fue increible. De hecho, a día de hoy, aún sueño con hacer un “Pilares 2” con más gente y un formato presencial. Pero eso es otra historia.
Pero la realidad es que este proyecto nunca llegó a ser viable económicamente. Por detrás, estuve varios meses preparando la formación, haciendo contenido en RRSS, estudiando marketing y estrategias empresariales para hacerlo viable, echando horas de consultoría en empresas que eran las que indirectamente financiaban todo el esfuerzo.
Pero sobre todo, enfrentando miedos e inseguridades del plano personal, en silencio. Miedo a que no funcionara, a no entender por qué, a comprometer mi situación económica, un síndrome del impostor que constantemente me decía que quién era yo para hablar de estos temas con autoridad, aversión a delegar y confiar en un equipo que me ayudase, pretender que podía hacerlo yo solo.
En ese momento no supe interpretar la situación y los miedos, y durante mucho tiempo, mi forma de abordarlo fue apretar el culo, echar horas, grindear más, intentar controlar cosas incontrolables. Por el camino, me llevé por delante mi salud mental sin darme cuenta, y la de las personas más cercanas a mi.
Hasta que la vida me dio una hostia en la cara, porque cuando te empeñas en no ver las señales, la vida te las intenta poner cada vez más evidentes, y una de estas personas más cercanas dijo…
“Hasta aquí”
Y cuando no es solo el trabajo lo que no te va bien, sino que en lo personal también comienza a desmoronarse todo, o reaccionas, o reaccionas.
Así que tomé la decisión de poner (casi) todo en pausa. Paré absolutamente con la creación de contenido, cancelé todas las formaciones programadas, devolví la pasta a quien ya había reservado… y decidí quedarme sólo con los 2 clientes de empresa que tenía, para tener tiempo y espacio para parar, cuidar de mí, y ocuparme de lo que en el fondo es lo más importante: mi bienestar y el de los que quiero.
No quiero tampoco extenderme mucho en los detalles, pero puedo decir que durante estos meses he podido vivir algunos de los crecimiento más bestias a nivel personal que siento que he tenido. Me he mudado como 3 o 4 veces en total (ahora mismo estoy viviendo en Granada desde hace unos 3 meses). He vuelto a trabajar como desarrollador freelance con mi querido PHP que no tocaba desde mis origenes en Tuenti y Trivago, y ahora mismo tengo la suerte de trabajar en un cliente donde “hago lo que me da la gana”, en el sentido de que mientras sus métricas estén bien y mejoren, tengo total libertad sobre qué hacer y cómo hacerlo.
Pero al margen de la logística y lo profesional, el cambio más grande siento que ha sido un proceso de re-conexión conmigo mismo, de apertura emocional, de aprender a escucharme a mi mismo, a mi cuerpo, y que inesperadamente para mi, me ha ayudado también a conectar con los demás, a entender mejor a las personas a las que quiero, a acompañarles sin juzgar, a perdonar (y a perdonarme), a ser mejor compañero, mejor amigo, mejor hijo, mejor pareja.
Un proceso que me está llevando incluso por un camino de crecimiento espiritual (algo inaudito para mi hace apenas un año). Porque cuando la vida te pone en una tesitura tan jodida, sólo te quedan 2 opciones: o te sumerges por completo en la mierda y en el rol de víctima, y caes en la culpa, el odio al mundo, la tristeza, el cinismo, y dejas que la vida te pase por encima; o bien, adoptas la creencia de que “todo pasa por algo”, de que todo lo que te pasa son exámenes que te pone la vida para que saques un aprendizaje y crezcas y salgas más fuerte.
Yo decidí creer esto último, y cuando lo hice, empecé a comprender que todo lo que viví con Exeal, toda la experiencia de burnout, aquel terremoto en lo personal… todo eran cosas que tenían que pasar.
Era inevitable. No podía haber sido de otra manera.
Entender eso, no solamente es liberador, sino que quiero creer que es la razón por la que:
- Jaime esté de nuevo en mi vida, o que
- Tenga más clara que nunca mi misión personal (más de esto luego), o que
- Vuelva a tener ilusión, energía y motivación para volver a compartir, a ayudar a otras personas y embarcarme en nuevos proyectos. Pero esta vez, desde otro lugar (siento que más puro), con nuevos aprendizajes y mas confianza.
Son cosas por las que no puedo estar más agradecido.
Lo cual nos lleva al día de hoy
La verdad es que llevo varias semanas queriendo escribir y enviar este correo, pero no lo he hecho hasta ahora, y siento la necesidad de explicar por qué.
Como comentaba antes, estos últimos meses he estado principalmente trabajando como desarrollador en un e-commerce. Se trata de un proyecto el cual, cuando entré, todo estaba en llamas: pedidos que nunca se entregaban, tasas de errores altísimas, errores que nadie entendía, etc.
Mi tarea ha consistido en rescatar el proyecto de ese estado y devolverlo a la vida, para lo cual no sólo he tenido que picar código (eso ha sido lo de menos), sino entender bien el negocio, definir y recopilar métricas (no había), introducir observabilidad (estabamos ciegos), testing automatizado, colaborar con los stakeholders (CEO, customer support, account managers, proveedores, etc.)… en definitiva, trabajar a un nivel más estratégico.
Al principio, ni siquiera pensaba que estaba preparado (hola síndrome del impostor), pero con trabajo personal, recordar cosas que ya sabía (y no recordaba que sabía), y estudiar las que aún no (y por qué no decirlo, un empujoncito de la IA), creo que he hecho una labor más que decente.
El elefante en la habitación
Porque, poniendo el foco en la IA, es un hecho que está revolucionando el sector, la forma de desarrollar software, a absolutamente todos los niveles. El ritmo de cambio es frenético: todas las semanas hay nuevas herramientas, nuevos modelos que si Claude, que si ahora es Codex, que si lo que mola es SDD…
Incluso yo, que llevo 15 años ya dedicándome a esto y que he visto suficientes cosas, y tengo muy claros los fundamentos, no he podido evitar sentir la sensación de quedarme atrás, de FOMO, de dudar de mí mismo y mis conocimientos, de sentirme cuestionado, sentir impotencia, a veces incluso miedo e indefensión ante la situación, y de verme sugestionado por el discurso de venta basada en el miedo de muchos CEOs de empresas que venden IA, y su derivada oportunista por parte de muchos creadores de contenido que no hacen más que avivar la llama añadiendo más leña al fuego.
Aún sabiendo que es una estrategia de marketing, picas. Y da aún más rabia cuando lo sabes, y caes igual.
(Lo cual, por cierto, nota al margen, me hizo reflexionar si en algún momento yo, como creador de contenido, caí en amplificar discursos del estilo y contribuir a generar malestar. Mis más sinceras disculpas por ello).
Pero me ha llevado a cuestionarme la forma y, sobre todo, el desde donde, creo contenido.
Porque, por el motivo que sea, yo siempre he basado (consciente o inconscientemente) mi narrativa en la autoridad que siento que me da mi experiencia. Pero con esto de la IA, todo va tan rápido, que ya no me siento con autoridad suficiente.
Hace ya tiempo que me descolgué del tren del FOMO, asqueado, aburrido, por una cuestión de supervivencia. No he probado los últimos modelos, no sé la diferencia entre Sonnet 4.6 y 4.7, trabajo a base de prueba y error, no uso agentes de Claude para que trabajen por mi (apenas estoy empezando a plasmar partes de mi forma de trabajar en skills).
No estoy a la última.
Así que no puedo compartir ni divulgar desde ahí.
Pero tampoco quiero. Siento que mi esencia no está ahí.
Y durante mucho tiempo he pretendido hacerlo, y eso me ha generado inseguridades, fricción, y una presión autoimpuesta absurda.
El cómo importa más que el qué
Todo esto me ha llevado a cuestionarme, más que el qué hacer, el cómo me gusta y me gustaría trabajar, crear contenido y en definitiva hacer todo (porque “como haces una cosa es como haces todo”). Y he llegado a encontrar varias cosas que necesito, y que quiero más de ello:
Volver a un ritmo más humano
Primero fue el burnout de pretender hacerlo todo sin delegar. Luego el ritmo de trabajo frenético al que nos está empujando la IA. No queda tiempo para pensar, para reflexionar, para descansar, para hacerse preguntas, para equivocarse, para conectar con las personas. Desde aquí, manifiesto mi deseo y reclamo mi derecho de volver a un ritmo humano.
Volver a poner la calidad en el centro
Sacar prototipos como churros con vibe coding, escribir 7 posts a la semana aunque sea con IA y no tengan alma, obligarse a usar Claude para ir más rápido, tener 4 tareas abiertas a la vez… sorry, not for me.
A mi me gusta hacer las cosas de una en una, tomándome el tiempo necesario, poniéndole todo mi cariño, y estoy plenamente convencido de que así es como se hacen trabajos (proyectos, posts, cursos, whatever) que realmente marcan la diferencia y que cambian la vida de la gente.
Volver a poner a las personas en el centro
Empezando por mi: entendiendo y respetando mi propio ritmo, mi forma de trabajar y hacer las cosas, escuchando cómo me siento y qué necesito; y continuando por la gente que me rodea: mis amigos, mi familia, mis compañeros de equipo, mis clientes, mis alumnos, mis suscriptores, en definitiva, mi tribu. Descubrir qué es lo que más les cuesta, cómo se sienten al respecto, cuáles son sus miedos, pero también sus aspiraciones y sueños, qué les impide dormir por las noches, pero también qué les hace realizados… y sobre todo, cómo puedo yo contribuir a conseguirlo.
Conectar requiere exponerse
A través de todo este proceso de reflexión, introspección y apertura, he llegado a comprender que, aunque ahora mismo no sepa exactamente cómo, ese “cómo puedo ayudar” pasa por compartir aquello que me hace único: mi experiencia, mis valores y mi punto de vista único sobre las cosas. Y que descubrirlo requiere compartir no solamente conocimiento, sino también abrir las puertas de mi vulnerabilidad: exponer mis miedos, mis puntos de vista más controvertidos, mis valores, y también mi conocimiento incompleto e imperfecto, pero aún así potencialmente útil para muchos.
Pero sobre todo, compartirlo no desde un categórico “esto es así”, sino más bien desde un “esta es mi experiencia hasta ahora, si te sirve guay, y sino, cuéntame tu take y aprendemos los dos”.
Y ahora qué
No os voy a negar, que estoy acojonado. Pero puede más el deseo volver a compartir y ayudar desde un nuevo lugar.
Hace no mucho, leyendo el libro “Cuatro mil semanas” de Oliver Burkeman, acerca de cómo mejorar nuestra relación con el tiempo, me topé con la idea de “en lugar de intentar controlar el tiempo, dejar que sea el tiempo el que te use a ti”. Me pareció sublime, y me gustaría tomarla prestada, pero con una vuelta de tuerca:
En lugar de jugar a intentar adivinar cómo puedo ayudaros, dejar que vosotros “me uséis”: os pido que compartáis conmigo, con lo que me conocéis y sabéis de mí, cómo creéis que os puedo ayudar, o qué os gustaría escuchar de mi que os pueda inspirar y ayudaros con vuestras inquietudes, aspiraciones, bloqueos o sueños… da igual que seais developers, tech leads, directivos, diseñadores, juniors, seniors, frontends, backends, arquitectos, product managers, hombres, mujeres, autónomos, asalariados, programéis en Java o PHP… bueno, los de PHP igual pensadlo antes un par de veces jajaj XD.
Os invito a contestar a este mismo correo, y me comprometo a leer y responder todas las respuestas. Y si alguien le apetece un café virtual (o mejor, presencial si estáis cerca de Granada), mi agenda está disponible =)
Mientras tanto, los próximos días abriré algún directo en Twitch, para los que os interese charlar más síncronamente. Podéis suscribiros a mi canal aquí para enteraros de cuando abra directo.
Si has llegado hasta aquí, te mando mi más sincero agradecimiento.
Nos vemos muy pronto.
Un abrazo enorme,